Archivo Mensual de Setiembre, 2006

Crecemos Perdonándonos Unos a Otros (Dìa 28)

“Sean bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándose mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. Efesios 4:32 (NVI)

El regalo más grande que tenemos en Cristo es el perdón. Todos nosotros estamos separados de Dios por el pecado, ya que la salvación es posible solamente por el perdón que Jesús pudo ofrecer muriendo en la cruz por nosotros. Ser cristianos significa que hemos sido salvos y perdonados de nuestros pecados. Para muchos de nosotros, eso incluye un pasado oscuro y feo. Es fácil olvidar estas cosas. Es peligroso también.

El perdón, como la confesión (ver día 27 en caso que no lo hayas hecho todavía), es una de las acciones más poderosas que la comunidad cristiana puede expresar. Es un componente necesario de las relaciones espirituales. Como cada uno de nosotros ha sido perdonado, debemos perdonar a otros. Eventualmente nos dañaremos unos a otros… sí, dañarás a alguno… y el perdón será la única solución que generará sanidad genuina.

Otros te herirán, traicionarán tu confianza, e ignorarán tus sentimientos. Cuando otro creyente te daña, tu responsabilidad como cristiano es perdonar. Esta es una lección difícil de aprender: perdonar a la persona que te ha herido es la mejor opción posible para que crezcas espiritualmente por medio del dolor, en lugar de permitir que el mismo te derrote. Cuando eliges esta opción, encontrarás vida, resolución, y paz. Entiendo que esto es contrario a todo instinto… parece que sería mejor si estalláramos o hiciéramos algo para “desquitarnos”. Esta es una mentira del mundo y nunca funciona. La venganza te hace sentir bien por un momento, pero te deja vacío y lleno de remordimiento a lo largo de la vida.

La fortaleza y madurez de una comunidad cristiana puede ser medida por el perdón que otorga. El perdón no es fácil; y una razón por la que es tan difícil es que no consiste en una acción que se toma una sola vez y para siempre. Cuando has sido profundamente herido o dañado, el resentimiento y la amargura pueden regresar una y otra vez. Quizá tengas que decidir muchas veces perdonar el mismo daño. El perdón dice, “Te perdono hoy, y estoy dispuesto a perdonarte otra vez mañana”.

Crecemos Confesando Nuestras Faltas unos a Otros (Dìa 27)

“Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es ponderosa y eficaz”.  Santiago 5:16 (NVI)

No me gusta que me atrapen haciendo algo malo, o que me llamen la atención cuando he hecho cosas incorrectas. Es vergonzoso y humillante. Sucede que soy muy impulsivo… solían conocerme como aquél que hacía comentarios de los que luego se arrepentía; o que formulaba una crítica dañina, usaba el sarcasmo hiriente, o algo generalmente negativo. Tal vez, eres como yo en cierto grado, y sin embargo, todavía debemos vérnoslas con esa locura de ser cristianos: somos llamados a vivir un estándar más alto que el que simplemente consiste en admitir, “Sí, soy culpable de los cargos”.  ¡Tenemos que “declararnos culpables”, aún cuando no hayamos sido atrapados haciendo algo!

Este acto de declararnos culpables se llama: confesión. Y como fácilmente te imaginarás, no es muy popular. La confesión es una de las herramientas más poderosas e íntimas que una comunidad cristiana puede utilizar. La confesión atraviesa todas las apariencias y máscaras que luchamos mucho por mantener. Lleva a la intimidad instantánea, al compartir un lado doloroso y personal de nuestras vidas. La confesión dice: “He hecho algo feo y necesito tus oraciones, perdón, o ayuda”. La confesión establece un poderoso ejemplo para que otros sigan. También es una ENORME fuente de esperanza (“¿Entonces tú también cometes errores?”), y todos necesitamos esperanza.

La confesión es difícil porque debes confiar lo suficiente en una persona para abrir tu corazón. Esta exposición te hace vulnerable al juicio; sin embargo, las recompensas pesan mucho más que los riesgos. El pecado causa verdaderas heridas en nuestras vidas. No sé como son, pero sé que causan mucho dolor, uno que es imposible ignorar. Las cicatrices pueden ser profundas, pero las oraciones de otros cristianos fieles producen la sanidad necesaria. Todos estamos enfermos, así que admitámoslo y ayudémonos mutuamente como Dios lo planeó.

Crecemos Honrándonos Mutuamente (Dìa 26)

“Ámense con cariño de hermanos, y deléitense en el respeto mutuo”. Romanos 12:10 (LBAD)

Si alguna vez has conocido a una persona que no te simpatiza, entonces puedes entender cuan grande es mi lucha para poder honrar a ciertas personas. Si conoces personas que te molestan o te hacen enojar, puedes entender las dificultades que afronto cuando leo un versículo como el de arriba y me esfuerzo por honrar a aquellos que desearía evitar.

Cuando leo este versículo, desearía que se refiriera solamente a aquellas personas con quienes disfruto estar. Desdichadamente, el hombre que escribió este versículo (el apóstol Pablo) quiso decir que debemos incluir a todos en nuestros esfuerzos para amar y honrar a otros con afecto genuino. ¡Afecto! ¡Y yo que ni siquiera deseo tocarlos!

Pablo no solamente dice que nos honremos mutuamente; él dice que nos deleitemos en hacerlo. O Pablo disfruta ver a la gente sufrir, o sabe que hay una lección que necesitamos aprender. Cuando me intereso constantemente por aquellos con quienes estoy molesto, o por aquellos que no integran mi grupo de amigos, crezco y me asemejo más a Cristo.

Comencé el devocional de hoy con malas noticias. Pero… terminémoslo con buenas noticias. Tú también creces espiritualmente cuando honras a aquellos que amas. El problema es que a menudo, en vez de amar a nuestros amigos y familiares, los lastimamos con sarcasmos y bromas dañinas. No estoy diciendo que todas las bromas son malas, deseo usar un párrafo en este devocional para recordarte que honres a aquellos que amas, en lugar de solamente dañarlos. A menos que te comprometas a honrarlos, tus relaciones siempre estarán en un nivel superficial. Tú y yo sabemos que necesitamos relaciones cristianas profundas para disfrutar la vida.

El punto central es que necesitas honrar a los demás… tanto a aquellos que amas, como a los que desearías mandar al Polo Norte.

Lacrosse, El Horno y Los Mensajitos

¡Sorpresa!, acá les va la nueva secciòn.

Dijiste ahora toma lacrosse y sigueme… ¿Ahora que?
Ver Marcos 10:21

Oh Dios Mio, Noe… Creo que deje el horno en casa encendido.
Ver Gènesis 6-8

En un esfuerzo de alcanzar a los “tecnològicos” estaremos mandando por mensajito las notas del sermòn.

(Copyright Gospel Communications International, Inc - www.reverendfun.com)

Crecemos Amonestándonos Mutuamente (Dìa 25)

“Anímense unos a otros cada día, mientras dura ese “hoy” de que habla la escritura, para que ninguno de ustedes sea engañado por el pecado y su corazón se vuelva rebelde”. Hebreos 3:13

Las personas tendrán dos reacciones predecibles a las palabras “amonestarse unos a otros”. Algunos huirán porque no desean confrontar a otros. Otros interpretarán este versículo como un permiso para condenar a todo el que falle.

La palabra “amonestar”, sin embargo, debe ser vista como un acto de amor. Cuando un padre amonesta a un hijo para que no toque una estufa caliente (como mi papá lo hacía conmigo), está llevando a cabo un acto de amor con el fin de evitar un daño. Desdichadamente, en mi caso, necesitaba descubrir por mí mismo lo que sucede cuando colocas tu mano sobre una mecha caliente.

Cuando amonestamos a las personas, les estamos expresando que nos interesamos en ellas lo suficiente cómo para hacerles ver un determinado peligro en sus vidas. Cuando amonestas a otros porque te interesas en ellos, no necesitas ser descortés ni crítico. Muchas veces, amonestarás a una persona y verás que igualmente comete errores trágicos. Cuando amonestas de tal manera que proteges tu relación con la persona en cuestión, puedes convertirte en una fuente de sanidad que la ayude a volverse a Dios.

El versículo 12 dice que la meta de amonestar a las personas es “asegurarse que sus corazones no sean malos ni incrédulos, alejándose del Dios vivo”. Jesús dijo que antes de amonestar a alguno, primero debemos sacar lo malo de nuestro propio ojo; es decir, antes de remover la paja del ojo de la otra persona (ver Mateo 7:5). Él había visto muchos hipócritas. Jesús nos lleva a estándares más altos.

Ya que Dios decide usar a las personas para ministrarse unas a otras (en lugar de mandar una luz desde el cielo para hablar directamente con nosotros), es importante que valoremos el bienestar espiritual de cada uno. Mi sugerencia es que te unas con un amigo en quien puedas confiar para que te amoneste en amor cuando te vea tomando una mala decisión. Idealmente te reunirás con esta persona a quien rendirás cuenta una vez por semana, por unos cuantos minutos, a fin de evaluarse mutuamente y luego orar uno por el otro. Cuando nos comprometemos a amonestar a otros en amor y abrimos nuestras vidas para ser amonestados, descubrimos que es más fácil crecer espiritualmente y tomar decisiones correctas.

G3 *bling,bling*

Hola a todos, les recuerdo que esta semana estaremos seleccionando un comentario del blog y ese se hará acreedor a una Biblia G3 nueva de paquete, totalmente encuerada.
Hay muchos que aun no han dejado su comentario y solo nos visitan (no me hagan decir nombres) saben quienes son los veo en el messenger todas las noches :).
Puede ser un saludin nada tan profundo, un comentario sencillo o solo una smiley que se yo,… de repente también premiamos al mas creativo. Esto es todo por ahora, estamos preparando el blog con “mas mejores” cosas para ustedes. Así que valga la redundancia digan que quieren acá.

Crecemos Enseñandonos Mutuamente (Dìa 24)

“Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza; instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón”. Colosenses 3:16 (NLT)

Para entender cómo crecemos enseñándonos unos a otros, primero necesitamos considerar el pasaje de Colosenses 2:20-23. Parafraseando lo que Pablo escribió: cuando solamente seguimos el código moral del mundo (no escuchar lo malo, no ver lo malo, y no hablar maldad) mostramos disciplina corporal, pero no tenemos victoria sobre nuestros pensamientos y tentaciones.

Vayamos al versículo de hoy (Colosenses 3:16) y veremos una receta para vencer nuestra naturaleza pecaminosa. Cuando nos alejamos de los caminos del mundo para elegir el camino de Dios y pasar tiempo leyendo la Biblia, descubrimos que la promesa en la segunda parte de este versículo es verdad: que seremos sabios. Con esta promesa, sin embargo, viene un mandato: “Usen sus palabras para enseñar y aconsejarse unos a otros”. Pablo finaliza este versículo con un mandato de adorar a Dios a través de cantarle con corazones agradecidos.

Estos son los secretos para vencer tus fracasos espirituales diarios: Estudia la Palabra de Dios, la cual te hará sabio; enseña su Palabra a otros y da gracias a Dios. Ese es un progreso natural en tu fe. Las personas no pueden enseñar a otros tan pronto como aceptan a Cristo. Primero, ellos aceptan a Cristo, luego se vuelven sabios, y entonces enseñan a otros. Cuando prescindes de cualquiera de estos pasos en tu crecimiento espiritual, dejas de fortalecer tu fe. Esto permite que el pecado que Cristo conquistó en tu vida vuelva a aparecer. Sin embargo, cuando permaneces comprometido con Cristo, él te ayuda a seguir venciendo esas cosas que en otras circunstancias te destruirían.

Pablo, una vez escribió muy molesto una carta a unas personas porque habían sido cristianos por un momento, pero no dejaban de vivir en el mundo. Sus palabras para ellos eran que debían estar enseñando a otros, pero en lugar de eso eran como niños cristianos (ver 1 Corintios 3). Pablo entendía que en el proceso de enseñar a otros, tanto la persona que aprende como la que enseña, crecen espiritualmente. Mi reto para ti es que sigas creciendo en tu fe y enseñes a otros lo que has aprendido; ya sea enseñando una clase, testificando a tus amigos, o escribiendo devocionales como el que lees ahora. Cuando expresamos nuestra fe y enseñamos a otros sobre ella, la entendemos más y esta se fortalece.

Crecemos Animándonos Unos a Otros (Dìa 23)

“Anímense y edifíquense unos a otros”. 1 Tesalonicenses 5:11 (NVI)

“Palos y piedras quebrarán mis huesos, pero las palabras nunca me herirán”. Esta mentira viciosa es imposible de creer, porque todos hemos sido heridos profundamente por algo que nos dijeron. No tienes que estar en un lugar por mucho tiempo antes que escuches burlas groseras, sarcasmo hiriente, o un menosprecio (a menudo proveniente de un “amigo”).

Nuestras palabras también pueden tener une efecto poderosamente positivo en las personas. Podemos ayudar a las personas tremendamente con sólo unas cuantas palabras cuidadosamente escogidas. Una palabra amable en el momento correcto puede marcar toda la diferencia en este mundo.

Es más fácil ser negativo y crítico. Cuando hablamos así, a menudo disminuimos a otros solamente para elevarnos. La inseguridad y el egoísmo se combinan para dar como resultado palabras venenosas y destructivas. Esto es natural para todos nosotros, pero como miembros de la comunidad de Dios que está llena del Espíritu Santo, podemos buscar expresarnos de forma diferente. Aquí hay algunas ideas para ayudarte a estar más motivado:

Piensa antes de hablar, y muérdete la lengua si vas a decir algo negativo.
Cuando encuentres a alguno haciendo algo bueno, díselo.
Busca profundamente ofrecer más que un halago superficial. Es fácil halagar la ropa o el peinado de alguno. Trata de motivar substancialmente, a fin de se que refleje en el carácter de las personas.
Ayuda a que las personas venzan en sus luchas. Tu motivación podría marcar la diferencia y hacer que tengan éxito.
Usa menos el sarcasmo, especialmente con personas que no conoces muy bien.
Presta atención a tus críticas; asegúrate que sean realmente “constructivas”.
Ten cuidado de cómo te halagas, (algunas veces, menospreciamos a otros accidentalmente, cuando hablamos de nuestros logros).

Crecemos con el Ejemplo de Otros (Dìa 22)

“Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme modelo que les he dado” . Filipenses 3:17 (NVI)

Cuando leí por primera vez Filipenses 3:17, una gran pregunta vino a mi mente: ¿qué tan orgulloso es Pablo? Bueno, Pablo era verdaderamente un gran tipo, ¿no es un poco pretencioso de su parte decirnos que sigamos SU ejemplo? ¿No es la meta de la iglesia solamente “seguir a Jesús”? Después, me di cuenta que Pablo también dice:

“Sigan mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

Somos llamados a seguir a otras personas que siguen a Jesús. Una vez que comencé a entenderlo, fui desafiado en dos formas:

Fui desafiado a considerar quién fue mi ejemplo en la vida cristiana. ¿Quién fue mi ejemplo a seguir? Algunas veces, es fácil caer en la trampa de pensar que no necesitamos a otros cristianos. Esto no es cierto. Necesitamos vencer nuestro orgullo y aprender de otros grandes cristianos.

Y también fui desafiado a evaluar el ejemplo que yo estaba dando: ¿desearía que otros siguieran mi ejemplo? Como todos somos creyentes en crecimiento, no tenemos ejemplos perfectos, de modo que puedes aprender de personas imperfectas; de todos modos, ninguno de nosotros va a ser perfecto antes de llegar al cielo. Nuestra responsabilidad es llegar a ser más como Jesús.

Considera estos dos desafíos y cómo se relacionan con tu vida: ¿De quién estás aprendiendo y a quien estás siendo de ejemplo? ¿Qué debería estar aprendiendo y qué ejemplo debería estar dando?

Sean Honestos Unos con Otros (Dìa 21)

“Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse. Pero háganlo amablemente; y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba”. Gálatas 6:1 (NLT)

Proverbios 12:18 (NLT) dice, “Hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan los sabios y dan el alivio”. Es difícil decir la verdad que una persona necesita escuchar, en una forma motivadora y amable. Usualmente, hacemos hincapié en una sola de estas cosas y excluimos la otra. Si sólo somos “muy motivadores y amables”, nuestras palabras carecen de sustancia y terminamos omitiendo decir aquello que los que no están muy firmes necesitan escuchar. Si somos “muy honestos”, la fría verdad de nuestras palabras es tan directa, tan áspera, que no da buenos resultados puesto que hemos sido muy ofensivos.

Todos tenemos “puntos ciegos” en nuestras vidas, y necesitamos la perspectiva de los amigos en nuestra comunidad para que nos ayude a ver mejor. Cuando un amigo dice una palabra difícil, aunque sea dolorosa al principio, al final nos sentimos mejor. Las palabras de los sabios traen la sanidad que necesitamos.

Considera esto desde dos ángulos: desde el que habla la verdad y desde el que la escucha. En lo que se refiere a hablar la verdad, ¿tienes algo difícil que decirle a un amigo, algo que él necesita escuchar? Si es así, pon el asunto delante del Señor, a fin de que recibas la sabiduría para hablar la verdad con gentileza y humildad. Por otro lado, si tú eres quien debe escuchar la verdad, pregúntate: “¿Estoy ignorando una verdad dura que necesito escuchar?

Esto es difícil. La verdadera comunidad no siempre es fácil, pero siempre debe ser honesta.