Muchos estamos atravesando un tiempo de transición radical a causa de la sacudida mundial que está ocurriendo en todo el planeta. Muchos nos hemos dejado adormilar o nos hemos quedado fascinados con las baratijas de la vida, ignorando los verdaderos tesoros de Dios. Muchos están experimentado “la esperanza que se demora” (Proverbios 13:12) “la esperanza que se demora es tormento del corazón…”, de modo que pierden la fe, la esperanza, y el propósito. ¿Tendrá que venir una crisis para conducirnos a tomar las armas espirituales y hacer frente a la batalla?
A medida que aprendemos a permanecer en la brecha correcta y ejercitamos la autoridad de Dios en oración, nosotros veremos claramente como cambia el curso en cada área de nuestra vida. ¡Levántate!, ¡despierta! para perseguir radicalmente tú destino. Tu herencia espiritual es demasiado importante para quedarte parado. Es esencial que te levantes con una determinación profundamente arraigada para alcanzar las promesas de Dios para tu vida.
No sólo nos ha llamado Dios a ti y a mí a ser valientes y audaces, sino que además nos ha encargado una misión para estos días tan importantes. Debemos estar preparados para una conquista que trae un cambio rápido y seguro. El plan de Dios para su pueblo es un plan de victoria, no derrota (Jeremías 29:11). Hemos sido llamados y enviados para ser vencedores. Tú has sido creado para ser victorioso, no una víctima.
Dios no quiere que te preocupes por el futuro o por las circunstancias que puedan venir, sino que le creas a través del conocimiento de Su voluntad, a través de la proclamación de Su palabra y tu docilidad ante el poder del Espíritu Santo. Dios te llama a que pienses en un “tono de guerra”, donde tomas la “Espada del Espíritu”, que es la “Palabra viva de Dios” Esa espada de poder que ha puesto en tu mano cuya cabeza no es más que el León de Judá te dice: “No llores más, pues el heredero del trono de David, a quien se le llama el León de Judá, ha salido vencedor. Apocalipsis 5:5. El peso de tu victoria depende no de cuánto te esfuerces y gimas, sino de cuánto realmente crees lo que Dios te ha prometido. ¡La Espada que Dios te ha dado es nada menos que el eco de Su voz en Ti!
Un amigo me paso el manuscrito de su nuevo libro. Tuve que prometer que no resultaría en el Internet ni nada parecido (aunque entre risas solemos bromear que podría lucrar con ello) y ganar dinero extra - ya que la piratería ahora anda a flor de piel.






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