“Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón…”
Alabar a Dios genuinamente es una expresión externa de su obra en tu vida. Efesios 5:18 (el versículo anterior) te ordena que seas lleno del Espíritu Santo. El versículo 19 muestra que tu acto de alabanza es el resultado directo de su presencia.
Como los versículos de éste capítulo nos dicen: cuando Dios llena toda tu vida, él brilla eliminando, no sólo tu propia oscuridad, sino también la que hay en las vidas de los que te rodean. La lectura de este capítulo revelará lo que Dios desea que evites en tu vida. Cuando te comprometes a vivir correctamente, evitas las trampas de este mundo. En este contexto, nuestra alabanza a Dios es una expresión de gratitud por salvarnos y por lo que nos ha ayudado a evitar.
Tu grupo pequeño tiene una deuda de alabanza con Dios por la increíble obra que él ha hecho en sus vidas. La forma en la que se animan y motivan unos a otros es un resultado directo de su influencia en sus vidas. Alabarle juntos es una respuesta natural de tu gratitud.
Muchas personas pueden leer esto e inquietarse: “¿Voy a tener que cantar en público?” Puedes estar tranquilo porque es posible alabar en diferentes formas. Dar gloria a Dios puede consistir en contarle a otros como él te ha ayudado. También puedes alabar a Dios cantando palabras de alabanza a él. También podemos alabarle por medio de la oración de gratitud. Sin embargo, tú eres quien elige cómo dar gracias a Dios. Si bien hacerlo juntos es un ministerio para Dios, también es un testimonio para otros que necesitan su ayuda.
Finalmente, nunca te niegues a alabar a Dios. Los corazones que han sido verdaderamente transformados por él no pueden más que fluir con gratitud. Si la suprimes, él no recibe la gloria que merece y tú comenzarás a quedarte con el crédito de todo lo que él ha hecho en tu vida.



Últimos Comentarios
RSS