Archivo de la Categoría 'Tengamos Comuniòn'

Sean Honestos Unos con Otros (Dìa 21)

“Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse. Pero háganlo amablemente; y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba”. Gálatas 6:1 (NLT)

Proverbios 12:18 (NLT) dice, “Hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan los sabios y dan el alivio”. Es difícil decir la verdad que una persona necesita escuchar, en una forma motivadora y amable. Usualmente, hacemos hincapié en una sola de estas cosas y excluimos la otra. Si sólo somos “muy motivadores y amables”, nuestras palabras carecen de sustancia y terminamos omitiendo decir aquello que los que no están muy firmes necesitan escuchar. Si somos “muy honestos”, la fría verdad de nuestras palabras es tan directa, tan áspera, que no da buenos resultados puesto que hemos sido muy ofensivos.

Todos tenemos “puntos ciegos” en nuestras vidas, y necesitamos la perspectiva de los amigos en nuestra comunidad para que nos ayude a ver mejor. Cuando un amigo dice una palabra difícil, aunque sea dolorosa al principio, al final nos sentimos mejor. Las palabras de los sabios traen la sanidad que necesitamos.

Considera esto desde dos ángulos: desde el que habla la verdad y desde el que la escucha. En lo que se refiere a hablar la verdad, ¿tienes algo difícil que decirle a un amigo, algo que él necesita escuchar? Si es así, pon el asunto delante del Señor, a fin de que recibas la sabiduría para hablar la verdad con gentileza y humildad. Por otro lado, si tú eres quien debe escuchar la verdad, pregúntate: “¿Estoy ignorando una verdad dura que necesito escuchar?

Esto es difícil. La verdadera comunidad no siempre es fácil, pero siempre debe ser honesta.

Sean Pacientes Unos con Otros (Dìa 20)

“Sean pacientes unos con otros, y por amor tolérense mutuamente las faltas que involuntariamente puedan cometer”. Efesios 4:2b (BAD)

“¡Lo quiero a mi manera y lo quiero ahora!” Mi hijo de tres años dijo eso el otro día, cuando vio los chocolates calientes en el mostrador. Traté de explicarle que necesitaría esperar porque se quemaría la lengua (yo me quemé muchas veces porque no aprendo rápido). A él no le importó, no tuvo paciencia.

No hay duda de quién heredó su impaciencia… por mucho que yo quisiera que fuera herencia de su madre, ¡no es cierto! Detesto esperar. No soporto esperar en una fila. Las luces rojas son del diablo (es por eso que son rojas), y cuando hago una llamada y me tienen en espera, casi me vuelvo loco. El correo electrónico no es lo suficientemente rápido para mí, así que uso el mensajero instantáneo.

Para mí, es especialmente difícil ser paciente con otros. . . ¿Sinceramente son así de lentos? ¿Cometieron ese error? Esta es, por supuesto, una horrible actitud enraizada en lo profundo de mi egoísmo personal. Me gustan los comerciales porque me hacen sentir importante. Lo puedo tener “a mi manera”, y “el cliente siempre tiene la razón”. Grandioso. Perfecto. Si el resto del mundo me tratara así, todo estaría bien.

Realmente sería mucho peor. Si nunca desarrollo mi paciencia, realmente nunca amaré a nadie. El amor es el resultado necesario de tener paciencia. “Paciencia” es otra palabra para la gracia, y si Dios ha tenido mucha gracia (y paciencia) conmigo, ¿no debería yo hacer lo mismo con otros?

Las faltas o los fracasos de una persona pueden impedir el crecimiento. Pero cuando respondemos con paciencia, les ayudamos a crecer en todo su potencial. Hoy, alguno hará algo equivocado, o tendrá un inconveniente en su camino. En lugar de reaccionar haciendo lo que es natural, haz lo que es espiritual, demostrando la paciencia que Dios te ha demostrado.

Estar de Acuerdo Unos con Otros (Dìa 19)

“Pero, amados hermanos, les suplico en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que no discutan más, que reine entre ustedes la armonía y cesen las divisiones. Les ruego encarecidamente que mantengan unidad de pareceres, sentimientos y propósitos”. 1 Corintios 1:10 (BAD)

¿Puedes pensar en la peor discusión que hayas tenido? Es probable que no recuerdes lo que  inició todo, pero los efectos devastadores fueron bastantes duraderos. Es por eso que el lenguaje en este versículo es tan fuerte. “Les ruego… dejen de discutir”. Esa es innegablemente una razón buena y fuerte. Las discusiones dejan heridas y remordimientos profundos.

Tendríamos menos discusiones si solamente nos detuviéramos un poco. Muchas discusiones surgen casi de modo fortuito, porque reaccionamos rápidamente. Es posible controlar nuestros impulsos, y aunque se requiere disciplina y confianza en el poder de Dios, puede suceder.

Quizá no eres una de esas personas que espontáneamente explota con la más mínima provocación. Puedes contenerte y llevar todo por otro rumbo, planeando silenciosamente y hablando en el momento correcto. No gritas. Puede que seas el tipo que señala algo con una mirada cuidadosamente constructiva, y que luego se sienta y observa como los demás explotan.

Las discusiones son destructivas en muchos niveles. Destruyen la paz y arruinan nuestra habilidad de servir en comunidad y alcanzar al mundo para Jesús. Asume el compromiso de estar más calmado hoy, y de reflexionar más sobre tus palabras. Considera el guardar silencio cuando deseas decir algo que podría causar disensión o conflicto. Recorre la milla extra y ora para que puedas demostrar apoyo, ánimo y bondad.

Apoyarse Mutuamente (Dìa 18)

“Por lo tanto busquemos todo lo que conduce a la paz y a la edificación mutua”. Romanos 14:19 (LBAD)

¿Recuerdas cuando eras niño y jugabas a las escondidas? Si eras el que “se escondía”, te ponías totalmente nervioso cuando escuchabas los pasos acercarse más y más. Si eras el que buscaba, buscabas y buscabas con gran anticipación, avidez, y celo, hasta que el que se escondía era encontrado. Y…BAM! Los encontrabas y que bueno para ti, ellos tenían que ocupar tu lugar.

Buscar formas para apoyar a alguien no es del todo diferente a jugar a las escondidas. Como el que busca, tú apuntas a tu meta: encontrar a las personas. Buscas para encontrar alguno que puedas apoyar, cuidar, y motivar. Una vez que lo has “encontrado,” lo apoyas en cualquier cosa que necesite. No tienes que tratar de arreglar su vida; sino más bien, estar a su lado y apoyarlo “estando allí”. ¡Nunca lo olvidará!

En este día, pide a Dios que te dé sus ojos para que puedas ver a las personas como él las ve y responder con apoyo y motivación. No tienes que mirar muy lejos, porque hay personas en todos lados que están esperando que alguno las apoye. ¿Serás de los que buscan a otros para brindarles apoyo?

Respeto Mutuo (Dìa 17)

“…respetándose y honrándose mutuamente”. Romanos 12:10b (NVI)

Hay muchas personas en este mundo que merecen nuestro respeto.  Cuando un atleta Olímpico compite y gana la medalla de oro, obtiene un nivel de respeto. ¡Inclusive si alguno gana el oro en caminata, eso es todavía más gratificante porque sabes que hay quien camina mucho más rápido que tu!

Según el modo de pensar del mundo, solamente tienes que respetar a las personas que se lo ganan: al popular, a los expertos, a los bonitos, y a los poderosos. El enfoque del mundo consiste en ganarse el respeto, más que en respetar. Nos preocupa lograr cosas o hablar como si fuéramos exitosos, para que de alguna forma podamos ganar el respeto de otros a nuestro alrededor.

El estándar de Dios es diferente, y lleva a una vida más poderosa y satisfactoria. Como cristianos, debemos respetar a todos, incluso a aquellos que “no se lo han ganado”. Esto no es algo de menor importancia; es algo en lo que debemos sobresalir.

Respetar es sencillo pero difícil, porque debemos vencer nuestra forma natural de hacer las cosas. El respeto te convierte en el admirador número uno de otra persona. No pensarías en humillar a la persona que respetas. Considerarías las cosas desde su punto de vista. El respeto es escuchar para descubrir lo que la otra persona tiene para decir.

Si todos fuéramos mejores receptores, la iglesia sería un lugar más saludable. ¿A quién podrías demostrar respeto hoy o esta semana? ¿Puede que a alguno a quien normalmente ignoras?

Comprometanse unos con Otros (Dìa 16)

“Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación”.  Romanos 14:19a (NVI)

Es difícil llevarnos bien con ciertas personas. Puede que sea así porque hay muchas personas que hacen cosas extremadamente diferentes a las que tú haces. Piensa en tus amigos y sus familias… Apuesto a que cada familia es completamente diferente y cada familia interactúa a su manera. Pero en este versículo, Dios está básicamente diciendo a través del apóstol Pablo, “¿Por qué no dejamos de juzgarnos unos a otros? En lugar de eso, hagamos todo lo que podamos para llevarnos bien… ¡a pesar de nuestras diferencias!”

Piénsalo. ¿Cuándo fue la última vez que te enojaste profundamente, o inclusive te frustraste con alguno y perdiste completamente el control? Piensa en sus nombres. ¿Qué podrías haber hecho diferente si hubieras puesto en práctica éste versículo? ¿Cómo responderías ahora que sabes que Dios desea que “uses toda tu energía en llevarte bien con _________” (visualiza su(s) nombre(s)?

Demos un paso más profundo. El enfoque de hoy es: “Comprometerse unos con otros”. Piensa en una persona: (un amigo, un pariente, un líder) con quien te comprometerás para trabajar en el área de aprender a llevarte mejor con otros. Pídele a esa persona que te pida cuentas de tu compromiso. ¿Quién será? ¿Cuándo la llamarás?

Jesús fue el maestro en construir puentes con personas. Él desea que hagas lo mismo. Te reto hoy a dar un pequeño paso en esa dirección. ¿Lo harás?

Admitamos que nos Necesitamos unos a Otros (Dìa 15)

“Así que entre nosotros hay dependencia mutua; nos necesitamos unos a otros”. Romanos 12:5b (BAD)

¿Alguna vez has observado, o jugado en un evento deportivo en el que sucediera algo desastroso? Recuerdo haber asistido a un juego de fútbol profesional donde faltaron el defensa inicial y el central. Con ambos jugadores claves ausentes, perdieron el juego, 48 a 21. Claro, el resto del equipo jugó con ahínco, pero sin el talento específico de estos dos jugadores, el equipo sufrió.

Lo mismo sucede contigo. Como parte del  “equipo” o familia de Dios, ¡tu importas!  Lo que aportas al “campo” es único y necesario. Sin ti, seguramente algo faltaría y estaría incompleto.

¡Dios te ha dado dones de forma única! Si eres bueno sirviendo a otros, ¡entonces sirve! Si eres bueno enseñando, ¡entonces enseña! Si eres bueno dando,  ¡entonces da!  No es una pregunta sobre si tienes dones, sino sobre cómo los usas.

Comparte tu don con otros apreciando los dones de otros. Como parte del cuerpo de Cristo, ¡te necesitamos! No seas tímido, aunque puedas sentirte así. En lugar de eso, usa tus dones únicos para animar a un familiar, a un amigo, o inclusive a un completo extraño. Quien sabe. . . Podrías darte cuenta que eres un verdadero “jugador clave”.