Archivo de la Categoría 'Historias'

¿Qué clase de iglesia es esta?

Mi gran amigo Tony Campolo cuenta una historia verídica que también sirve como una gran parábola en este sentido. Estaba en otra zona horaria y no se pudo dormir, así que bien pasada la medianoche se fue a una tienda de donas. Resulta que las prostitutas del lugar solían reunirse en esa tienda después de hacer lo suyo, y él alcanzó a oír una conversación entre dos de ellas. Una se llamaba Inés y dijo: ¿sabes qué? Mañana cumplo treinta y nueve años. Su amiga replicó: ¡gran cosa! ¿y qué quieres que haga? ¿se te antoja una fiesta?¿quieres comer pastel y te cante el feliz cumpleaños? La primera mujer contestó: ¿qué te pasa?¿por qué te pones tan a la defensiva?¿por qué me tienes que hacer sentir mal? Solo estoy diciendo que es mi cumpleaños, no es que quiera recibir algo de tu parte. Al fin y al cabo, ¿por qué debería tener una fiesta de cumpleaños? nunca he tenido una fiesta de cumpleaños en toda mi vida, ¿por qué tendría una ahora?

Cuando se fueron, Tony tuvo una idea. Le preguntó al dueño de la tienda si Inés venía todas las noches, y cuando le dijo que si, Tony lo invitó a conspirar con él para hacer una fiesta sorpresa. Hasta la esposa del dueño participó en el plan. Entre todos se pusieron de acuerdo para traer pastel, velas y decoraciones para celebrar el cumpleaños de Inés, quien era una completa extraña para Tony. La noche siguiente cuando ella entró, los planeadores de la fiesta gritaron ¡sorpresa! E Inés no podía creer lo que veían sus ojos. Los dueños de la tienda le cantaron “cumpleaños feliz” y ella empezó a llorar tan duro que casi no pudo apagar las velas. Cuando llegó el momento de partir el pastel ella preguntó si podía llevárselo entero a su casa, solo para conservarlo un rato y disfrutar el recuerdo. Luego se fue con su pastel como si fuera un tesoro.

Tony dirigió a los invitados en una oración por Inés, después de lo cual el dueño de la tienda le dijo a Tony que no se había dado cuenta de que Tony era un predicador. Le preguntó de qué iglesia venía y Tony contestó: “pertenezco a una iglesia que celebra fiestas de cumpleaños para prostitutas a las 3:30 de la madrugada”. El dueño de la tienda no lo podía creer. “no, no puede ser, no existe ninguna iglesia que haga eso. Si hubiera una, a esa iría yo. Si, me volvería miembro de una iglesia como esa”.

Brian Mclaren, el mensaje secreto de Jesús.

[vía]

Historias: Stanford

Alguien me envió una copia de esta historia, la cual parece ser cierta. Una pareja de ancianos se bajó del tren en Boston. La esposa vestía un vestido descolorido, su esposo un traje casero raído. Caminaron desde la estación del tren hacia el campus de la Universidad de Harvard y tomaron el camino hacia la oficina del presidente de la Universidad. La secretaria del presidente midió a la pareja en un segundo. Ella podría decir que ese tipo de personas sin sofisticación alguna no pertenecían a una institución tan renombrada como Harvard, y probablemente ni siquiera eran dignas de realizar una visita a Cambridge. Correspondió sus miradas con el ceño fruncido, del tipo de miradas que quieren enviar un mensaje. “Queremos ver al presidente,” dijo el hombre con suavidad. “El estará ocupado todo el día,” murmuró la secretaria. “Esperaremos,” respondió la dama.

Por un buen rato la secretaria los ignoró, esperando que la pareja finalmente se desanimara y se fueran. Pero no lo hicieron. La secretaria por lo tanto decidió molestar al presidente, aunque era una tarea que a ella le desagradaba hacer. “Talvez si ellos lo ven sólo por unos minutos, se irán, le sugirió ella. El presidente estaba perturbado. Alguien tan importante como él obviamente no tenía tiempo para perderlo con esa clase de gente. Pero ya que el detestaba que personas con vestidos descoloridos y trajes hechos en casa pusieran desorden en su oficina, suspiró de exasperación y asintió a su secretaria indicándole que hiciera pasar a la pareja.

El presidente, con el rostro severo, se pavoneó ante la pareja. La dama le dijo, “Tuvimos un hijo que asistió Harvard por un año. El amaba Harvard. El fue feliz aquí. Pero hace alrededor de un año, murió. Mi esposo y yo desearíamos erigir un memorial para el, en algún lugar del campus.” El presidente no se conmovió, se escandalizó. “Madam,” dijo descortésmente, “No podemos colocar una estatua por cada persona que atiende Harvard y muere. Si lo hiciéramos, este lugar parecería un cementerio.” “Oh, no,” explicó rápidamente la dama, “Nosotros no queremos erigir una estatua. Pensamos que nos gustaría donar un edificio a Harvard.” Al presidente le dieron vuelta los ojos. El le dio un vistazo al vestido descolorido y al traje casero, y luego exclamó, “¡Un edificio! ¿Tienen ustedes la menor idea de cuanto cuesta un edificio? Hemos gastado cerca de siete millones y medio de dólares en la instalación física de Harvard.”

Por un momento, la dama guardó silencio. El presidente estaba complacido. Talvez ahora podría deshacerse de ellos. La dama volteó a ver a su esposo y le dijo suavemente, “¿Eso es todo lo que cuesta iniciar una Universidad? ¿Por qué no iniciamos la nuestra?” Su esposo asintió. El rostro del presidente se marchitó entre la confusión y el aturdimiento. Y así Mr. y Mrs. Leland Stanford salieron y se fueron a Palo Alto, California, en donde ellos establecieron la Universidad que ahora lleva su nombre, un memorial para un hijo por el cual Harvard ya no se preocupaba más.

Stanford fue fundada por el magnate ferroviario y gobernador de California Leland Stanford y su esposa, Jane Stanford. Fue nombrada en honor a su único hijo, Leland Stanford Jr., quien murió en su adolescencia. La universidad abrió sus puertas oficialmente el 1 de octubre de 1891 localmente es conocida como La Granja (The Farm), debido a que la universidad está situada en lo que fuera la granja de cría de caballos de Leland Stanford.

Historias: Tiger Woods un golpe a la vez

woods1.jpgGeneralmente encontramos ejemplos poco ortodoxos pero de alguna manera siempre encontramos una lección detrás del tema. Recuerdo que en alguno de mis libros leí la historia de cómo Tiger Woods diagramo su camino hacia el éxito - fui incapaz de encontrar el libro nuevamente pero dice algo así.

Tiger como niño prodigio se inicio en el golf a muy corta edad y sabía que quería ser el mejor. Así que busco la mejor figura de su época Jack Nicklaus y trazo todos los logros de Jack - un golpe a la vez, sabía que de esta manera estaría enfocado un paso a la vez y no se desanimaría de ver el largo camino por recorrer. Con trofeo iba marcando un golpe más cerca de su meta. Actualmente Tiger Woods posee 13 títulos y Jack Nicklaus 18, el record de Jack ha sido la meta para muchos golfistas profesionales

Woods a pesar de su larga lista de éxitos y el grosor de su billetera, sigue siendo el mismo chico que jugaba golf con su padre; no olvidando sus raíces y las razones por las que empezó a jugar golf.

Historias: A Causa Del Problema

SundaeCerca del final del siglo pasado, el joven Clarence llevó a su novia de paseo cerca del lago para compartir un pic-nic. Él iba vestido con el atuendo típico de la época, con un traje de cuello alto y apretado. Su novia lucía un vestido largo con docenas de fustanes y cargaba una sombrilla. Mientras que Clarence remaba con dificultad bajo el sol, su joven novia, distrutaba del paseo bajo su sombrilla, y se miraba dulce y femenina.

Mientras que él remaba en el bote, se deleitaba en el aroma del perfume que ella llevaba.

A pesar del calor y del sudor en su frente, Clarence estaba hipnotizado con la belleza de su novia cuando la veía sonreír. Finalmente llegaron a su destino, era una pequeña isla en el centro del lago. Clarence jaló el botecito playa adentro y ayudó a su novia a bajarse.

Después de alistar su comida bajo la sombra de un árbol, ella comenzó a hablarle en suaves susurros. A él le encantaba aquella dulce voz, y la escuchaba atentamente.

En eso ella le dijo en voz muy baja: “Clarence mi amor, se te olvidaron los helados.” “¡Los helados!” Refunfuñó Clarence, recordando que ellos habían decidido en llevar helados para el postre. Fue hasta el barco, y remó hacia la orilla del lago. Encontró una tienda de comestibles, compró los helados, regresando hacia en centro del lago otra vez.

Cansado se bajó del barco, y caminó hacia la sombra del árbol.

La jovencita miró los helados, agitó las pestañas de sus grandes ojos azules y ronrroneó: “Mi amor, se te olvidó el sirope de chocolate.”

El amor hace que las personas hagan cosas extrañas. Así que Clarence, regresó al barco, remó y remó, llegó a la orilla del lago, fue a la misma tienda y compró el sirope de chocolate, volvió al barco y comenzó a remar otra vez en la caliente y húmeda tarde. Cuando había remado casi hasta la mitad, se detuvo. Se quedó ahí, sentado el resto de la tarde pensando que debería de existir una major forma para ir y volver.

¡Cuando aquella caliente tarde de verano se había terminado, Clarence Evinrude había inventado el motor fuera de borda!

Antes de que llegue a la conclusion de que esta es una historia ficticia, estudie la historia del motor fuera de borda de Evinrude. En los primeros cuatro meses de la campaña publicitaria de su motor fuera de borda, esta historia se comentaba, como el origen de esta idea. Y por supuesto, Clarence después se casó con la muchacha, que había dejado plantada toda una tarde de verano en la pequeña isla.

La mayoría de los descubrimientos en este mundo, han nacido en momentos de necesidad y problemas. ¿Por qué? Porque hay personas que buscan las oportunidades en la peor de las circunstancias. Cuando tú cultivas la actitud de mirar por oportunidades en momentos de adversidad, tú también puedes encontrar el éxito en la vida.

Historietas: ¿Qué hubieras hecho tu?

Haz que la sonrisa te dure hasta el lunes!

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Somos caballeros del Apocalipsis, deja de ser tan amable con todos.

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Reality Show

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Historias: El Fruto de la Generosidad

Una noche oscura y tormentosa hace muchos años, un hombre mayor y su esposa, entraron a la recepción de un pequeñoGeorge C. Boldt hotel en Filadelfia. Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta: “¿Puede darnos una habitación?”. El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa les dijo: “Hay tres convenciones simultáneas en Filadelfia… Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los otros están tomadas.

El matrimonio se angustió pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo horroroso fuesen a conseguir dónde pasar la noche. Pero el empleado les dijo: “Miren…, no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré en un sillón de la oficina.

El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación.
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Historietas: Sábado, Sabadín, Sabadito Alegre

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“Yay, no hay escuela… ¡día de plaga!”

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“¿Podrías por favor recoger toda tu ropa?”

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“Sólo demen cinco minutos más”

El Último Rechazo (Parte II)

Varías semanas atrás me atreví a caminar el camino a mi aldea. No tenía intención de entrar. Solo el cielo sabe que solo tenía la intención de ver los campos donde solía trabajar.

Observé otra vez mi casa. Y vi, quizás, el rostro de mi esposa. No la vi. Pero vi a unos niños jugando en los pastos. Me escondí atrás de un árbol y los vi corretear y correr. Sus rostros eran tan alegres y su risa tan contagiosa que por un momento, solo por un momento, no fui un leproso, dejé de ser un leproso. Yo era un granjero, Yo era un padre, Yo era un hombre.

Infundido de su alegría, caminé detrás del árbol, erguí mi espalda, respiré profundo…. y ellos me vieron. Antes de que me pudiera retirar, ellos me vieron. Y gritaron. Y se dispersaron uno detrás del otro. Uno pausó y puso su miraba en dirección mía. No se, y no lo puedo asegurar, pero yo creo. Yo verdaderamente pienso, que ella era mi hija. Y no se, en verdad no lo puedo asegurar. Pero yo creo que ella estaba buscando a su padre.

Esa mirada es la que me hizo dar el paso que di hoy. Claro que fue descuidado. Claro que fue riesgoso. Pero que tenía que perder? El mismo se llama el hijo de Dios. Puede escuchar mis demandas y matarme o aceptar mis demandas y sanarme. Ellos fueron mis pensamientos. Me acerqué a él como un hombre desafiante. No movido por fe sino por una furia desesperada. Dios ha traído esta calamidad a mi cuerpo, y El la solucionara o la terminará.

Pero después lo vi., y cuando lo vi. Fui transformado, debes recordar, que soy un granjero no un poeta, así que no puedo encontrar las palabras para describir lo que vi. Todo lo que puedo decir es que las mañanas de Judea son algunas veces frescas y los atardeceres tan gloriosos, que verlos, es olvidar el calor del día anterior y olvidar el dolor de los tiempos pasados. Cuando vi su rostro, vi una mañana de Judea.

Antes de que El hablara, supe que a El le importaba. De alguna manera yo sabía que El odiaba esta enfermedad tanto, pero, no-más-de lo que yo la odiaba. Mi rabia se convirtió en mi confianza y mi ira en mi esperanza.

Detrás de una roca, lo observé descender del monte. Multitudes de personas lo seguían. Esperé hasta que estuviera a tan solo pasos de mi, y entonces di un paso fuera. “¡Maestro!”
El paró y vio en dirección hacia mi así como decenas de personas. Un diluvio de miedo barrio a través de la multitud. Muchos brazos se agitaron frente a los rostros. Los niños se escondieron tras sus padres. “¡Impuro!” grito alguien. Nuevamente, yo no los culpo. Pero apenas los vi. Su pánico lo había visto miles de veces. Su compasión, sin embargo, nunca la había percibido. Todos retrocedieron excepto El. El caminó hacia mi. Hacia mi.

Hace cinco años mi esposa había caminado hacia mi. Ella había sido la última en hacerlo.

Ahora El lo hizo. No me moví. Solo hablé “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Si me hubiera sanado con una palabra, me hubiera sido estremecido. Si me hubiera sanado con una oración, me hubiera regocijado. Pero El no estaba satisfecho con hablar conmigo. El se me acercó. Y me tocó. Cinco años atrás mi esposa me tocó. Nadie me había tocado desde entonces. Hasta hoy.

“Sí quiero.” Sus palabras fueron tan delicadas como su toque. “¡Se limpio!”

Energía inundó mi cuerpo como agua en un campo fruncido. En un instante, en un momento, sentí calidez en donde solo me había sentido entumecimiento. Sentí fuerzas donde solo había sentido atrofia. Mi espalda se ergió, y mi cabeza se levantó. En donde estuve al nivel de mis ojos con su cinturón, ahora estuve al nivel de su rostro. Su sonriente rostro.

El puso sus manos en mis mejillas y estuvo tan cerca de mi que pude sentir lo cálido de su aliento y ver la humedad de sus ojos. “No se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos.”

Así que ahí es donde me dirijo. Me mostraré ante el sacerdote y lo abrazaré. Me mostraré ante mi esposa, y la abrazaré. Levantaré a mi hija en mis brazos, y la abrazaré. Y nunca olvidaré al único que se atrevió a tocarme. El me pudo haber sanado con una palabra. Pero el quiso hacer más que solo sanarme. El quiso honrarme, Para validarme, para bautizarme. Imaginen eso, indigno del toque de un hombre, aun así digno del toque de Dios.

1Cuando Jesús bajó de la ladera de la montaña, lo siguieron grandes multitudes.

2Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él. –Señor, si quieres, puedes limpiarme –le dijo.

3Jesús extendió la mano y tocó al hombre. –Sí quiero –le dijo–. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano* de la lepra.

4–Mira, no se lo digas a nadie –le dijo Jesús–; sólo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio. -Mateo 8:1-4

Nuestros corazones son buenos pero nuestras memorias malas, todos hemos conocido el poder divino de un toque. ¿Acaso no estas feliz que Jesús no cometió el mismo error con nosotros?; Ten presente la perspectiva del leproso, Jesús toco a los intocables de este mundo. ¿Haríamos lo mismo?.

Just like Jesus por Max Lucado

El Último Rechazo (Parte I)

Por cinco años nadie me tocó. Nadie. Ni una sola persona. Ni mi esposa. Ni mi hija. Nadie me tocó. Ellos me vieron. Me hablaron. Yo sentí amor en sus voces. Preocupación en sus ojos. Pero no sentí su toque.

Lo que es común para ti yo codiciaba. Apretones de mano, fuertes y cálidos abrazos. Una palmada en la espalda para llamar mi atención. Un beso en los labios para robar un corazón. Esos momentos fueron sacados de mi mundo. Nadie me tocó. Nadie se tropezó conmigo en una multitud, ni cuando tu hombro se roza con otro hombro. Pero por cinco años esto no pasó. ¿Como puede ser? No era permitido en las calles. Incluso los rabinos mantenían su distancia de mí. No era permitido en mi sinagoga. Ni siquiera bienvenido en mi propia casa.

Era intocable. Era un leproso. Era un impuro. Para muchos un pecador. Y nadie me tocó hasta hoy.

Ese año durante la cosecha el agarre de mis manos parecía débil. Las puntas de mis dedos entumecidas. Primero un dedo y después otro. En un corto tiempo podía agarras las herramientas pero apenas sentirla. Para el final de la temporada, No sentía nada en absoluto. La mano que tomaba el mango pudo haber pertenecido a alguien mas – el tacto no estaba presente. No le dije nada a mi esposa, pero sabía que ella sospechaba algo. ¿Como no lo haría? Yo llevaba mi mano presionada contra mi cuerpo como un pájaro herido.

Una tarde sumergí mis manos sobre una vasija de agua pretendiendo lavar mi rostro. El agua se enrojeció. Mis dedos sangraban, sangraban libremente. Ni siquiera sabía que me había lastimado. ¿Cómo me corté? ¿Con un cuchillo? ¿Acaso mi mano se cortaría con algún metal afilado? Deplano lo hizo, pero no había sentido nada.

“Está en tus vestiduras también” comentó mi esposa suavemente. Ella estaba detrás de mí. Antes de verla, observé los puntos carmesí de mi bata. Por el mayor tiempo posible me paré frente a la vasija, observando mi mano. De alguna manera supe que mi vida había sido alterada para siempre.

“Debería decirle al sacerdote?” Preguntó. “No,” respondí, “Iré solo.”

Volteé y miré sus ojos húmedos. Parada junto a ella estaba nuestra hija de tres años. Agachada, miré su rostro y acaricié su mejilla, diciendo nada. ¿Que podría decir? Me paré y vi a mi esposa. Ella tocó mi hombro, y con mi mano buena, Yo toqué el de ella. Ese sería nuestro último toque.

Cinco años han pasado, y nadie me ha tocado desde entonces, hasta el día de hoy.

El sacerdote no me tocó. Miró mi mano, ahora envuelta en un harapo. Miró mi rostro, ahora ensombrecido por la tristeza. Nunca lo he criticado por lo que dijo. El solo hacía lo que debía hacer. El cubrió su boca y extendió su mano, con su palma hacia el frente. “Eres impuro,” declaro. Con una declaración perdí a mi familia, mi granja, mi futuro, mis amigos.

Mi esposa me encontró en las puertas de la ciudad con un saco de ropa, pan y monedas. Ella no habló. Para ahora mis amigos se habían reunido. Lo que vi en sus ojos era un precursor de lo que vería en cada ojo desde entonces: compasión temerosa.

Al empezar a caminar, ellos retrocedían. El horror de mi enfermedad era mayor que la preocupación por mi corazón – así que ellos, y cada uno de los que vi desde entonces, retrocedió.

Oh, como repudiaba a los que me observaban. Cinco años de lepra me han dejado las manos nudosas. Me faltan las puntas de mis dedos, así como también porciones de mi oreja y nariz. En vista de mi, padres sostenían a sus hijos. Madres cubrían sus rostros. Los niños señalaban y observaban.

Los harapos en mi cuerpo no podían esconder mis llagas. Ni tampoco mi rostro envuelto podía cubrir la rabia de mis ojos. Ni siquiera trataba de ocultarla. Cuantas noches agité mi puño paralizando a los cielos silenciosos “qué hice para merecer esto?” pero, nunca hubo una respuesta.

Algunos piensan que pequé. Algunos piensan que mis padres pecaron. Yo no se. Solo se que me cansé de todo; durmiendo en la colonia, oliendo el hedor, me cansé de la deplorable campana que debía usar alrededor de mi cuello para advertir a las personas de mi presencia. Como si la necesitara. Una mirada y el anuncio iniciaría, “¡impuro!, ¡impuro!, ¡impuro!,”.

- Continuará -

El barbero

(no somos machistas ni nada por el estilo, pero usaremos hombres para este ejemplo ya que si usaramos mujeres nunca llegaríamos al final y al propósito del día.

Sebas fue a donde el barbero a cortarse el pelo y a que lo “rasuraran”, o sea que le quitaran los tres pelitos y el bigotillo a la cantinflas que tenía. Como todo buen barbero le saco tema de conversación.(en esta parte las mujeres pasarían días…) Hablaron de todo, deportes, noticias, etc. Eventualmente se llego a tocar el tema DIOS. Inmediatamente el barbero dijo: no, no, no, no, no… yo no creo que Dios exista… Por qué dices eso? preguntó Sebas.

Es simple, contestó el barbero, sólo sal a la calle y te darás cuenta que Dios no existe. Explicame, si Dios existe, por qué hay tanto enfermo? tanto niño abandonado? Si Dios existiera, no habría ni dolor ni sufrimiento. No me puedo imaginar a un Dios amoroso que permita que todas estas cosas pasen.

Sebas se tomó un momento para pensar, y decidió que era más sabio no responder para no iniciar una discusión. El barbero terminó su trabajo y Sebas pagó y se fue.

Al salir a la calle, vió a un vagabundo sucio, peludo, barbudo sin bañarse y de inmediato se regreso a ver al barbero y le dijo, sabe que, los barberos NO existen. Asombrado el barbero le pregunta como puede decir eso, acaso no te acabo de atender yo?

NO! dijo Sebas, los barberos no existen porque si existieran, no habría gente como éste vagabundo en las calles, con el pelo largo y ratoso y barba sin cortar. NO, NO, NO, NO, NO, si existimos, lo que pasa es que las personas no vienen a mi. EXACTAMENTE! dijo Sebas, Dios EXISTE, lo que pasa es que las personas no lo buscan a El.

Tenemos el privilegio y responsabilidad de presentarle a Dios a las personas. Y como Sebas, seamos sabios al actuar y al responder, no caigamos en discutir para ganar, sino como dijo Pedro, Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. 1a de Pedro 3:15